jueves 9 de julio de 2009

El medio ambiente, hoy y mañana


Se me ocurre que las desdichas del mundo vienen empaquetadas con sus delicias. Lo bueno, lo malo, lo inverosímil, lo inepto, todo viene empaquetado en la burbuja vital que es este planeta.

Mirando hacia los cielos, una tarde tibia de verano, se divulga la fascinante interacción del globo terráqueo con sus componentes. Y no hace falta gastar grandes cantidades de energía en viajes extravagantes al Amazonas o el Sahara. La globalización así lo permite, descubrir la maravilla de la naturaleza en la distancia que acorta la vista.

Los pájaros son los más obvios. Deslizándose entre las rebanadas de viento, estos seres promulgan la realización de lo imposible, la verificación de que, por más aterrados que permanezcamos en cuanto a los cambios globales, siempre queda la esperanza de que, en otra esfera, sea estratosférica o liminal, la vida recreará su sombra y continuará, sin impedimento, su larga carrera.

sábado 4 de julio de 2009

Dimensión desconocida



Creo que sí, aunque no lo recuerdo, escribí hace un tiempo acerca del programa televisivo “The Twilight Zone”.

Este fin de semana, el canal de ciencia ficción SciFi está mostrando episodio tras episodio de la serie. Estos episodios de media hora, creados por Rod Sterling y transmitidos entre 1959 y 1964, entonan la imaginación hacia mundos desconocidos, finales inesperados, y un suspenso que te mantiene a la expectativa de que algo va o tiene que ocurrir. La verdad y la fantasía se mezclan, para crear una realidad en la que lo imposible es una simple variante de la verdad potencial.

Antes de los efectos especiales de las películas actuales, antes de que películas como The Matrix retaran nuestro concepto de lo que es la realidad (lo que es una resurrección de las teorías metafísicas de Kant y su reinterpretación en las teorías posmodernistas de Baudrillard) el programa The Twilight Zone lo hizo, con historias bien construidas, dialogo penetrante ( y a veces sin diálogo, lo que demostró el poder de las imágenes en el desarrollo del suspenso cinematográfico) y esa mezcla entre la filosofía y la tecnología que es la ciencia ficción.

Rod Sterling aparece en los episodios, presentando la secuencia narrativa, al igual que Hitchcock hacía en sus películas, llevándonos de la mano hacia lo improbable, guiándonos a través de la televisión (y ahora a través del tiempo y el espacio) para que creamos en lo que vemos.

Esa es la misión del narrador: ser Virgilio de lo inverosímil a nuestros lectores. Guiarlos a través de la palabra o las imágenes a mundos irrealizables, imposibles, o simplemente ayudarlos a ser testigos de los que no vemos a simple vista, a poseerlos del don vidente, y permitirles una perspectiva diferente de la dictada por nuestros sentidos limitados.

Pero las palabras no pueden determinar el poder de los episodios de esta serie. Cuando quieran, visiten YouTube y busquen episodios, cualquiera que gusten. Los finales les pondrán los pelos de punta…

miércoles 1 de julio de 2009

38

Busco en el Internet un significado en los números del día.

Por ejemplo, busco el 38, busco el primero de julio, busco el 1971. Todos los números que quedaron aliados un día como hoy hace 38 años, cuando nací. Busco en Wikipedia si ocurrió algo importante el primero de julio de 1971 (nada).
Busco el significado del número 38 (importante en la mitología teutona), busco el primero de julio a través de la historia (la Noche Triste, día de independencia de varias repúblicas africanas, Sony introduce el walkman) y personajes históricos que nacieron el mismo día (Liv Tyler, Pamela Anderson, Dan Aykroyd).

Pero en esa búsqueda queda la pregunta: ¿y qué? Pienso que, aunque la historia se repita en su nivel mundial (no en los detalles pero en sus grandes trazos) las personas son únicas, entes individuales de materia similar, de circunstancias a veces similares, de historias a veces calcadas, pero entes únicos.
Lo vida es eso, un patrón indefinido aunque repetible, pero condicionado por la individualidad del ser humano,

Aunque los medios insistan en clonarnos, haciéndonos vestir las mismas marcas, comer las mismas comidas, ir a los mismos restaurantes, usar los mismo teléfonos, cada cerebro (porque eso es lo que somos, cerebros ambulantes) es único en su modulación neuronal.

Eso es vida.

Feliz cumpleaños.

jueves 11 de junio de 2009

Spa perruno

Nota: el periódico The Washington Post publicó en su edición del 11 de junio, un artículo acerca de la proliferación y aceptación de terapias alternativas para mascotas. Vea el artículo aquí




Bienvenido al Spa Perruno. Mucho gusto. No, no es que seamos exclusivamente para caninos, el Spa está nombrado así en honor al creador del movimiento para el mejoramiento de la salud animal a base de terapias alternativas, Doctor Pedro Perruno, que en paz descanse. Pero, sí, para mantener la paz entre nuestro clientes, que generalmente vienen acá un poquito grouchy, tenemos seccionadas las diferentes áreas del Spa. Claro, seguro, aquí puede dejar el collar, generalmente mantenemos a nuestros clientes, como dicen por allá acerca de las gallinas, free range.

Bien, por aquí tenemos la pedicura y manicura. Mientras su perro roe un exquisito hueso de codorniz de la India, nuestras expertas en garras utilizan las técnicas más adelantadas en el arte de la manicura para convertir zarpas en bellas curvas nacaradas de cutícula y muñón. La keratina se suaviza con un ungüento patentizado de leche de coneja y arena del Sahara para proveer un lustroso asentamiento al pie, mientras que los colchones son mullidos y acicalados con esponjas del mar de las Malvinas (inglesas, por supuesto. ¡Dichosos argentinos, se creen dueños del cono sur!).

Aquí tenemos el área de masajes. Los caninos y los felinos son anestesiados levemente con nuestro ungüento de concha nacarada de Azeibaján (solamente se encuentra en los desiertos de gran altitud) que suaviza la piel mientras crea en los animales alucinaciones de días mejores, en los que no necesitan perseguir canarios o defecar en público. Los pobres, desde que se requiere recoger sus “evacuaciones” en bolsitas plásticas, mantienen una actitud un poco más positiva en cuanto a su vida…ahem, de perros. Disculpe, no lo pude evitar.

Finalmente, tenemos el cuarto de acupuntura. Sí, por aquí, no se asuste por las cortinas de bambú, exportado de Madagascar y convertido en estas mallas por los mejores artesanos del Ponte Vecchio . El sonido que escucha es el viento que se destila a través del bambú para crear un white noise natural.

Como puede ver, tenemos bozales en esta sección, todavía el sentido del bienestar a través de la acupuntura no ha evolucionado en los animales, que llevan siglos aterrorizados por cosas puntiagudas. Pero una vez las primeras agujas encuentran el chacra adecuado, nuestros clientes sienten un bienestar superior, en el que encuentran reivindicación a su vida como mascotas, mientras sus dolores y achaques desaparecen por completo.

Bueno, espero halla disfrutado del tour. Por favor, sí, llévese la botella de agua de azahar, la embotellamos aquí mismo. Claro, tenemos planes familiares. A las únicas mascotas que no atendemos son los peces. Pero si tiene alguno, me avisa. Siempre necesitamos más de ellos para el departamento de pedicura marina.

domingo 7 de junio de 2009

Vicios de identidad y espejismo


Comenta Joseph Brodsky de la humildad del escritor. Que el escritor, sobre todo el escritor en el exilio, debe utilizar la experiencia del exilio para darse cuenta de su presencia en el mundo, un grano de arena más entre los miles de millones de seres humanos. Es difícil, pues como él mismo dice, la angustia existencial del escritor es esa búsqueda de relevancia que nos queja, nos impulsa a batallar a diario (debería ser a diario) contra el papel en blanco, o el parpadeo hipnotizante del cursor.

Por muchos años pensé que mi interés en la experiencia del exilo obedecía a mi historia personal, la misma historia calcada a grandes trazos, pero distinta en los detalles, de todo aquel que abandona su terruño original, sea cual sea la razón. Pero luego de muchos años, he descubierto que mi exilio es, por así decirlo, un exilio doble. No es simplemente el exilio geográfico, el abandono del país natal a otro país de mejores condiciones económicas y sociales, sino que sufro un abandono de carrera y profesión.

La pregunta clave es si soy un escritor exilado en el país de los médicos, o viceversa. Hace poco, mi angustia quedó un poco disminuida por la declaración de un colega, que me bautizaba como “escritor disfrazado de médico”. Me pavoneaba con esta frase, como si fueran palabras mágicas de un encantamiento que rompería de una vez la imagen despechada que aparecía fantasmagóricamente ante mi espejo todas las mañanas. Esas palabras, esos talismanes, pospusieron un asalto a mis inquietudes, prologaron la beatitud forzosa del ser artista, y amedrentaron los vicios pecuniarios que inevitablemente vaticinan una asentamiento ideológico estancado en lo que llamamos “profesión”.

Pero la calma y el sosiego anímico duraron poco. Luego, otro colega se burló de mi aseveración, riéndose cuando propuse la solución a la dualidad profesional. “No seas ingenuo” dijo (más o menos dijo, según recuerdo), “tú eres médico y nada más. Si escribes, es pura casualidad”.

Miré mis manos, observé un leve temblor en ellas. Me imaginé otra persona, escritor a tiempo completo, dando clases o atendiendo seminarios, editando textos, procurando impartir un grado de majestuosidad a la verborrea de otros. Luego recordé lo que soy, lo que genera mis ingresos, lo que me da la paz económica (aunque recientemente, esa paz económica esté amenazada por los fuegos credenciales) y capitulé ante mi ilusión.

Dejé de escribir un tiempo, pues las palabras de mi colega (¡qué feroces son las palabras!) domeñaron esa pizca de seguridad intelectual que me había hecho una especie de carcamán lúdico y acelerado. Seguí viendo pacientes, seguí analizando patologías intolerables, seguí ganando dinero, poco, lo necesario para pagar cuentas y comer en restaurantes módicos. Viajé, poco. Eso sí, seguí leyendo. Uno no quiebra los vicios repentinamente.

Y fue leyendo que volví a creerme, o más bien, volví a crearme. Ya he escrito de la necesidad biológica que para mí constituye la literatura. Leer y escribir son tan esenciales para mí como comer o respirar. Es cierto que uno puede dejar de comer por un tiempo pero eventualmente, el cuerpo pide los nutrientes necesarios para continuar este chapaleteo amedrentado que llamamos vida. Y es por eso que sigo escribiendo.

¿Resuelve esto la crisis de identidad? Creo que ya no importa. Lo que nos llaman, o lo que nos da dinero, no tiene que ver nada con las funciones vitales. Pregúntele a un adicto. Tal vez por eso el colega que me bautizó como “escritor disfrazado de médico” los llama “vicios de construcción”. Y porque como dice Brodsky, si buscamos relevancia, si buscamos significancia en la tragicomedia que es la vida del escritor en exilio (¿acaso no todos los escritores vivimos exiliado de algo?) el título del que escribe no importa tanto. Lo que importa es la creación. Ya Dios los sabía: tantos títulos honoríficos para ser exaltado al fin por su propia creación, el hombre. A menos que sea al revés. Y ya de eso nos habló Unamuno…

lunes 25 de mayo de 2009

Mario Cancel comenta a Julia y cuentos de invierno

El escritor y crítico literario Mario Cancel continúa el diálogo literario con sus comentarios acerca de Julia y cuentos de invierno en su blog Lugares imaginarios


viernes 15 de mayo de 2009

Writing/Necesariamente bilingüe




Here I am lost again, lost without words, trying to find the words. Lost. The fate all words must avoid. Inevitable, some will be dispersed like sterile seeds, with no fertile ground to land on. Others will recede inside the vast expanses of memory. Yet others fight to become, to materialize, to create, to make, and finally, to think. Words that think themselves, that create themselves. I talked about that already in my first book. But that, like the other words, remains lost.

Why write? Those words I forgot, or maybe I never remembered in the first place. I always admire those who can quote obscure passages from obscure books by obscure authors. I can recite parts of movies, like “A Few Good Men”, or an episode of “Law and Order”. But Flaubert, but Plato, but Paz? I find it incredible, but then I comfort my thoughts with the certitude that these people only remember one or two quotes, general enough in their meaning to be used in any disposition. The glory of genius is in its memory. But what if the memory is copied from itself, a mirror image in a mirror?

Why write? I almost lost the words, but after an extensive search (five minutes, after which I was going to lose it) I found it, under a few good books, all of them smart in their intellectual fortitude, covered by the shield against criticism that is the hard cover.

Sartre says (and maybe I should just scan the page) “One is not a writer for having chosen to say certain things, but for having chosen to say them in a certain way” (“What is Literature”, p. 16).

And then: ”God knows whether cemeteries are peaceful; none of them are more cheerful than a library. The dead are there; the only thing they have done is write”
(p.17).
All apropos to our conversation, right? Only without the quotes, but a simile, a mirror image, a ghost.

And then the chapter “Why Write?”: a linguistic stake through our secret desire, a razor to the umbilical cord of the creation. We give it life, mind you, but then it is gone.

Says Sartre: "To write is thus both to disclose the world and to offer it as a task to the generosity of the reader” (p. 38). Writing is an act of freedom, he says. An act of freedom embedded within that orgiastic trust between the writer and the reader.

Reading, not writing, says Sartre, is the operational virtue.





Necesariamente bilingüe, siento la acometida. Cuenta Ernesto Sábato, en El escritor y sus fantasmas:

“La inmensa mayoría escribe porque buscan fama y dinero, por distracción, porque meramente tienen facilidad, porque no resisten la vanidad de ver su nombre en letras de molde”.

¡Qué fácil provocar la imaginación obtusa, qué fácil remojar las historias ya transitadas, qué fácil es desvivirse por aparecer, por ser leído! Aunque el que lo hace, como dice Sábato, por vanidad, no es leído. ¿Les falta algo?: un matojo de hierbas, un azulejo descarnado, una mirada vitriólica, un amuleto en el cuello.

Entonces Sábato nos cuenta que “quedan entonces los pocos que cuentan: aquellos que sienten la necesidad oscura pero obsesiva de testimoniar su drama, su desdicha, su soledad. Son los testigos, es decir los mártires de una época. Son hombres que no escriben con facilidad sino con desgarramiento. Son individuos a contramano, terroristas o fuera de la ley”

Entonces es más fácil vivir en la sombra de la normalidad, vivir enajenado del juicio ajeno, ser tímido, vivir escondido de la vida real, para en las noches ensangrentar, pujar, remover, olfatear, deshilar una a una todas las vidas pasajeras de la ficción. El contar es testimoniar. Alguno gritará Aleluya pues ya vio su Ser Mayor, a su todopoderoso, y lo llamó Quijote. Otro gritará que lo vio en un círculo que contiene todos los lugares del mundo, o todos los senderos que se bifurcan. Es lo que Sábato llama el sueño colectivo que calcan estos escritores . Dice “escribir en grande , simplemente es”…Como decíamos: It is what it is.

Si no sirvo para calcar la verdad, si no sirvo para testimoniar, serviré para aconsejar, para ser un mentor. Pero el ser mentor no significa ceguera, el ser mentor no significa distanciamiento. Al contrario, no hay relación más duradera e intensa que la de un mentor con su protegido. ¿Te atreves? ¿Te da miedo? Porque la distancia sólo incrementará el ardor de la misión. Porque las manos que dan tumbos, la piel que se enchina, los intercambios de miradas sin intención, lo sobreentendido y lo dicho, lo que se queda por decir y lo que se desea, nada cambia. Al contrario: sufre, tiembla, florece, se empolva, muere, reverdece y al final queda tatuado.

Y causa esta reacción anafiláctica que es el escribir.

Uno escribe porque la mente pica, por el escozor que la vida causa sobre la piel temblante de un poeta, de un novelista, de un cuentista. Uno escribe para saciar una necesidad biológica. En eso escribir es como el amor: intenso, lo deja a uno sin aire, exhausto y sediento a la vez, quieres más y no quieres, sufres y no quieres sufrir pero buscas sufrir por el sufrimiento que hace que reconozcas tus venas, tu sangre, tu mente. Sufrir es literatura, gozar es literatura. El resto, como diría Barthes, es sólo un mito.